Las ventajas de hacerte la loca y parecerlo
La pobre, está loca
Eso es lo que por lo general escucho decir a mí marido,
en tono condescendiente, sobre mí. Mi nombre pudiera
ser Adriana como Josefina, pero como dicen estoy loca no importa
realmente. La verdad es que no lo estoy, aunque mi marido
y casi toda la familia de él, como la mía así
lo piensan. Después de dos años de matrimonio
y de tratar por todos los medios posibles de salir embarazada,
finalmente me dijo mi ginecólogo, que mi cuerpo presentaba
varias condiciones, entre ellas una extremo nivel de acides
en mi vagina, además de ovarios infantiles por no decir
que atrofiados, por las cuales era realmente imposible, el
que yo algún día pudiera dar a luz un hijo.
Bueno, todo eso me produjo una gran depresión, hasta
el punto que traté de suicidarme en par de ocasiones.
En la primera usé muchas pastillas para dormir, pero
al darse cuenta mi esposo, me llevó de emergencia al
hospital y me dieron un lavado de estómago, en el segundo
volví a usar las mismas pastillas, pero me corté
las venas, pero por lo que después supe, las mismas
pastillas, al bajar tanto mi metabolismo, impidieron que me
desangrase rápidamente.
Después de eso me ingresaron a una clínica
psiquiátrica, donde aparte de darme durante varios
meses, bastantes medicamentos y sesiones terapéutica.
Alguno de los enfermeros, de los asistentes, o quién
sabe si hasta el mismo medico, me violaron en infinidad de
veces. Pero cuando dije que por estar medio dormida por las
inyecciones que me habían puesto para calmarme, comencé
a sentir que alguien me quitaba la ropa, nadie me creyó,
pero yo insistía diciendo que después de que
esa persona me desnudó completamente, me sujetó
por las piernas y manos con unas gruesas correas que impedían
que me moviera, pero a pesar de estar medio dormida, podía
sentir la respiración de ese tipo en mi cuello, después
sentí su lengua lamiendo y chupando divinamente mis
senos, y sus dedos tocando profundamente mi coño. Al
punto que aun en contra de mi voluntad comencé a mover
mis caderas, sentía que todo mi coño estaba
bien mojado, y a pesar de ese sueño tan fuerte que
sentía, llegué a desear que me lo metieran.
No pasó mucho rato, cuando en la oscuridad de esa habitación
sentí que el tipo ese, se montó sobre mi cuerpo,
y a los pocos segundos comenzó a pasar de manera repetida,
la dura cabeza de su verga por sobre mi coño. Mientras
que con sus dedos de manera sádica apretaba intensamente
mi clítoris, haciendo que mi cuerpo respondiera como
él quería. Cada vez que su duro y caliente glande
chocaba rozaba sabrosamente mis labios vaginales, casi le
rogaba que me lo metiera, hasta que finalmente comenzó
hacerlo, y a pesar del sueño que me habían provocado
artificialmente sentí como centímetro a centímetro
su dura verga se enterraba lentamente dentro de mi caliente
y mojado coño, yo traté de gritar pero me era
imposible, mi voz no me respondía, pero mi coño
si, a pesar de las correas movía mis caderas intensamente,
deseaba sentir todo eso dentro de mí, así lo
estuve haciendo hasta que alcancé un tremendo orgasmo.
Después del cual sí me quedé bien dormida,
tanto que ni sentí cuando me puso nuevamente la ropa.
Pero quién me iba a creer, yo era una loca, que se
quiso quitar la vida. Ni tan siquiera mi mismo marido, al
que a medida que se lo comencé a contaba, parecía
más bien excitarse, que indignarse o molestarse aunque
fuera un ápice por lo menos. Al igual que a mí,
varias de las mujeres que estaban hospitalizadas como yo,
también habían tenido sexo con alguno de los
enfermeros o sus ayudantes, y como ellas yo después
de un corto tiempo, dejé de decirlo y me dediqué
a disfrutarlo, al fin y al cabo nadie me quería creer
que en ciertas noches, entraba ese tipo y en la completa oscuridad
de mi habitación, hasta me mamaba el coño divinamente,
mientras que yo me chupaba su verga, hasta hacerlo venirse
dentro de mi boca. Pero según el psiquiatra esas cosas
que yo decía, tan solo eran alucinaciones y delirios,
que presentaba debido a mi condición de depresión
mayor, o por lo menos eso era lo que le decía a mi
marido.
Cuando finalmente salí de la clínica, aprendí
muchas cosas, sobre todo para sobrellevar mi depresión,
pero también aprendí que no importaba lo que
pasara, hiciera o dijera, para todos yo era simple y llanamente
una loca más. Al principio en casa, no deseaba hablar
con nadie, pero un día que hacía un calor del
demonio, me provocó el andar completamente desnuda
por toda la casa. Así me dediqué a limpiar toda
la casa, y sin darme cuenta frente a las ventanas que dan
para la calle, había un gran número de chicos,
hombres y hasta mujeres, viéndome hacer el aseó
de mi casa sin nada de ropa. Yo estaba pasando la aspiradora
sobre la alfombra, cuando sentí el teléfono
sonar, era mi vecina de la casa de al lado, que me llamaba
para preguntarme qué pasaba frente al ventanal de casa,
que habían tantas personas paradas ahí. Cuando
le dije que me iba asomar para decirle, en el momento en que
al ver hacia las ventanas de mi casa que dan para la calle,
y ver a todas esas personas mirándome, me di cuenta
de lo que pasaba.
Mi primera intención, fue el querer ocultarme tras
uno de los muebles, pero de inmediato sentí el tremendo
placer de ser vista, por un sin número de personas
extrañas, sin nada de ropa, Con el calor que hacía
ese día, y todos ellos vestidos, hasta me dieron lastima.
Además también pensé que iban a decir
de mí, que estaba loca, ya eso lo sabía todo
el mundo, así que tranquilamente le dije a mi vecina,
que no pasaba nada, colgué el teléfono y seguí
limpiando mi casa. Cuando terminé, cerré las
persianas como si frente a mí no hubiera nadie y me
fui a dar un merecido baño. A la tarde cuando mi marido
se enteró por uno de los vecinos de lo que había
pasado, lo escuché decir en ese tono de lastima, es
que la pobre no está bien de la mente.
Días después de eso, estando en casa, me dieron
unas tremendas ganas de acostarme con mi marido, me busqué
la forma de llamarle la atención, hasta el punto de
llegar a caminar frente a él con mi mejor ropa intima,
y de insinuarle que me diera un masaje, pero nada sucedió,
simplemente me dijo que como yo no podía tener hijos,
no había necesidad de que tuviéramos sexo. Eso
me frustró y molestó tanto que me dio un ataque
de rabia. En el que terminé rompiendo varios platos,
y tirando por el piso cuanto mueble se me atravesaba en el
camino. Conclusión, terminé nuevamente hospitalizada,
por supuestamente haber caído en otro ataque psicótico.
Mi esposo pertenece al Opus Dei. Y dentro de las normas de
la organización religiosa, el acto sexual, se tiene
con el fin de la procreación de los hijos, cosa que
en mi caso nunca había posibilidades de que sucediera.
Como mi marido sabía de sobra, que yo no podía
quedar embarazada, entendía que no debíamos
caer en tener un acto sexual entre nosotros dos. Bueno la
cosa es que me dejaron hospitalizada por un par de semanas,
y al regresar a la casa, decidí que desde ese día
en adelante, ya que él no quería tener sexo
conmigo, yo lo tendría con quien se me antojase, además
como tampoco cree en el divorcio, iba a ser un cornudo cabrón
por el resto de su vida.
Debido a mi condición, mi esposo soporta muchas de
mis locuras, en ocasiones me he desaparecido de
la casa por toda una noche, y cuando la primera vez me preguntó
donde había estado, le dije que me había ido
a caminar hasta una lejana punta de la playa y que ahí
sentada en una roca, me quedé mirando la luna y las
estrellas hasta que salió el sol. Lo cierto es que
si me fui caminando, pero a un retirado bar, tenía
unas ganas locas de bailar, así que apenas llegué
y uno de los tipos que estaba en la barra me ofreció
una cerveza la que acepté de inmediato, y después
me invitó a bailar. Al principio la idea mía
era bailar un rato divertirme sanamente y nada más,
pero a medida que fui bailando con el tipo ese, comenzó
a pasar sus manos por sobre mis nalgas, y sentí esa
rica sensación de ser deseada, y como mi marido llevaba
casi tres meses sin tocarme, dejé que mi pareja continuase
agarrándome sabrosamente las nalgas, en una de esas
en que bailábamos de lo más apretados, al tiempo
que sus labios se pegaron a los míos, pude sentir su
caliente verga, contra mi vientre.
Por unos muy pocos segundos pensé en retirarme, pero
esa sensación de ser deseada, se fue apoderando de
todo mi cuerpo, por lo que cuando el tipo ese, me tomó
de la mano y me sacó del bar, llevándome hasta
su auto, supe que era lo que tanto él como yo deseábamos.
Así que dentro de su mismo auto nos seguimos besando,
mientras que él fue quitándome gran parte de
toda mi ropa, cuando en medio de la oscuridad pude ver su
miembro, no dudé ni un segundo en que lo deseaba tener
dentro de mí, por lo que abriendo de par en par mis
piernas, le presenté mi coño para que me empujara
su verga.
A medida que fui sintiendo como toda su verga, se hundía
divinamente dentro de mi mojado coño, casi lloro, pero
del tremendo placer que me producía. Sus grandes manos
me tomaron por las caderas, apretando mi cuerpo contra el
de él, al tiempo que enterraba más y más
adentro de mí su miembro. Yo lo disfrutaba plenamente,
al punto que ni me acordaba de mi esposo, cosa rara porque
la mayor parte del tiempo pienso en él. La manera tan
salvaje de tratarme mi momentáneo amante, me hacia
delirar de placer, sus constantes preguntas, de que si me
gustaba hacían que de inmediato le respondiera que
si, y que me siguiera dando más duro. Podía
sentir todo el calor de su verga entrando dentro de mí,
me apretaba las tetas haciendo que yo gritase en una mescla
de placer y dolor. Él de seguro debía tener
algo encima, me refiero a una de esas pastillas o quien sabe
que, ya que yo alcancé un salvaje orgasmo, al punto
que hasta le aruñe la espalda. Mientras que él
continuó moviéndose sobre mí, metiendo
y sacando su verga de mi coño, por un buen rato, hasta
que finalmente se vino.
Cuando terminamos, salimos del auto, y terminé de
ponerme mi ropa fuera, todo menos mis bragas, las que debí
haber dejado dentro de su auto en quién sabe dónde.
Al regresar al bar, me invitó otra cerveza, me dio
su número anotado en un billete y se marchó.
Yo después de entrar al baño, como pude me lavé
el coño, con la ayuda de una lata que llenaba de agua
del lavamanos, y después regresé a la barra.
Donde me tomé otra cerveza, y un chico como de veinte
años me invito a bailar. Aunque me dejé manosear
un poco por él, no me provocó hacer nada, por
lo que al terminar la música, regresé a la barra.
Ya estaba por marcharme, cuando el dueño o encargado
del bar, un tipo algo gordo y calvo, me buscó conversación,
invitándome otra cerveza.
Pasé casi todo el resto de la noche contándole
mi vida, mientras que él me escuchaba y de cuando en
cuando me decía una que otra palabra, que en esos momentos
me hacían sentir tan y tan bien, que cuando me dijo
que era la hora de cerrar. Justo antes de salir del bar, me
agaché frente a él, y ante su sorprendida cara,
bajé la cremallera de su pantalón y rápidamente
extraje su verga llevándomela de inmediato a mi boca,
levanté la mirada y la alegría que podía
observar me produjo gran placer. Mi cara se movía hacia
adelante y hacia tras, a medida que se la chupaba intensamente,
en cosa de pocos minutos sentí como mi boca se llenaba
de su leche, al tiempo que él casi se cae al piso,
por suerte tras él había una silla, en la se
pudo sentar. Esa madrugada regresé a casa, como si
nada hubiera pasado, mientras que mi esposo al sentirme llegar,
me preguntó donde me encontraba y al yo decirle que
me fui caminando hasta la playa, para ver la luna y las estrellas,
no volvió a preguntarme más.
Al bar ese he regresado en varias ocasiones, en las que hago
lo que me viene en gana, como en una ocasión, que un
par de tipos que estaban en la barra, comentaba a pocos pasos
de mí sobre lo buenas que se veían las nalgas
de Jennifer López. La cosa es que tomé el comentario
como algo personal, y tras preguntarles si mis nalgas no les
parecían bastante buenas, y sin pensarlo me subí
sobre la barra y comencé a quitarme la ropa, al compas
de la música que sonaba de fondo en el bar. Todos se
agolparon frente a mí a medida que me quitaba la ropa,
al compas de sus palmadas y de las muchas cosas que me decían,
yo alocadamente movía mis nalgas y el resto de todo
mi cuerpo, al tiempo que me iba quitando toda mi ropa hasta
quedar sin nada puesto.
Al terminar me bajé y comencé a vestirme frente
a todos, cuando los dos tipos que habían estado hablando
sobre las nalgas de Jennifer López, me agarraron por
los brazos y cuando les pregunté qué era lo
que ellos se creían, uno de ellos sacó su identificación
de policía indicándome que yo y el dueño
del bar estábamos arrestados.

Al darme cuenta del problema en que me había metido,
lo único que se me ocurrió decirles fue. Bueno
que les parece si les doy una buena mamada y se olvidan de
todo. Por unos instantes pensé que me dirían
que no, pero después de unos pocos segundos los dos
dijeron que si, por lo que los tres nos fuimos a la parte
trasera del bar. Al llegar al sitio, ya uno de ellos tenía
su verga fuera del pantalón, sin perder tiempo la tomé
entre mis dedos, la dirigí a mi boca, con la idea de
hacerlo venirse lo más rápido posible y terminar
con eso de una buena vez.
Pero una cosa era la que yo pensaba y otra la que ellos deseaban,
ya que al inclinarme sobre la verga del primero, el segundo
me levantó la falda, al tiempo que de un solo movimiento
me bajó las bragas, dejando todo coño a su disposición.
No me dieron tiempo de protestar, ya que por una parte tenía
por completo la verga del primero dentro de mi boca, mientras
que el segundo me enteró la suya, bestialmente dentro
de mi coño, aunque me lastimó un poco cuando
tuve por completo toda su verga dentro de mí, comencé
a mover mis caderas, su manera tan bruta de tratarme, me excitó
bárbaramente.
Así que mientras a uno se la mamaba, el otro me enterraba
toda su verga apretándome contra su cuerpo colocando
sus manos sobre mis caderas. Pero en esa ocasión ya
tenía como más de dos meses que mi marido ni
me tocaba, así que cuando sentí todo ese buen
pedazo de carne dentro de mí, me dediqué a disfrutarlo
completamente. Esa noche tanto el primero como al segundo,
a los dos les mamé sus respectivas vergas.
Mientras el segundo me dio sabrosamente por el coño,
el primero no llegó a venirse dentro de mi boca, sino
que sacó su verga y con toda la calma del mundo esperó
a que su compañero terminase de venirse, lo que hizo
sacando su verga y regando toda su leche, sobre mi vientre
muslos y por fuera de mi coño. Al ellos terminar conmigo,
se marcharon del local, y el dueño entró donde
yo estaba, completamente tirada en el piso, chorreando leche
por mi culo y mis muslos. Me ayudó a levantarme y me
dejó entrar al baño para más o menos
lavarme con la lata de agua.
En otra ocasión pero estando en casa, me encontraba
de lo más aburrida, hasta que desde la ventana de mi
habitación vi al jardinero, don Regulo. Un viejito
de casi ochenta años, que se gana la vida todavía
limpiando jardines y arreglándolos. Con toda la intención
me despoje de mis pantaletas y me puse la falda más
cortita que tenía, pasé frente a mi marido,
que se encontraba viendo televisión y le dije que estaría
en el jardín trasero si me necesitaba para algo. Creo
que ni cuenta se dio, de que yo andaba medio desnuda. Al llegar
frente a don Regulo, el viejito se dio cuenta de que yo lo
observaba de cerca, pero sin ponerme mucha atención,
por lo menos hasta que me agaché frente a él
con mis rodillas ligeramente separadas, yo sabía que
me veía todo mi coño, sin esforzarse mucho,
aunque yo seguí actuando como si nada pasara, y comencé
a preguntarle sobre unas flores, que había tras la
casucha de herramientas. Don Regulo, no podía quitar
su mirada de mi coño, nerviosamente miraba en todas
direcciones, pero de inmediato volvía a clavar sus
ojos entre mis muslos.
Hasta que me di cuenta de que el bulto dentro de su pantalón,
crecía y crecía. En ese momento me dio curiosidad
por saber si el viejito podía responder o no, por lo
que levantándome intencionalmente, casi le puse mis
nalgas frente a su cara. De inmediato le pedí que me
acompañase, para ver las flores de las que yo le hablaba,
Así que moviendo mis nalgas, de la manera más
seductora que podía, estaba segura que el viejo, me
veía casi todo mi culo.
Cuando llegamos a la parte trasera de la casucha de las herramientas,
me volví a agachar con mis piernas bien separadas,
mientras que tomando una pequeña flor la coloqué
frente a mi coño, y moviéndola lentamente, como
si no me diera cuenta de que no estaba usando pantaletas,
le pregunté a don Regulo si le gustaba esa flor, a
lo que el viejito aclarando su ronca voz, me dijo que si,
por lo que le seguí preguntando de manera sensual,
si el color era adecuado, a lo que casi de inmediato, el viejo
respondió que sí, lo siguiente que le pregunté
si le gustaría tenerla entre sus dedos, y nuevamente
su respuesta fue afirmativa.
Sus temblorosos dedos, lentamente se fueron acercando a la
pequeña flor, la que yo comencé a moverla lentamente
casi hasta que la flor estuvo bien pegada a mi coño.
Y de momento sentí esos temblorosos dedos, agarrando
gran parte de mi coño, haciéndome suspirar profundamente.
Su rostro se iluminó, al él comenzar a tocarme
divinamente mi coño. Por un buen rato, don Regulo estuvo
manoseando mi coño, mientras que yo poco a poco me
comencé a subir mi pequeña falda.
El viejo Regulo, me ayudó a ponerme de pie, pero sin
dejar de estar acariciándome. Yo por mi parte me tomé
la libertad de bajar la cremallera de su pantalón,
y hasta me sorprendió en parte al ver lo erecta que
se encontraba su verga, tomando en cuenta su edad. El viejito
me pegó contra la parte trasera de la casucha de las
herramientas, mientras dirigía su verga a mi coño,
el sentir como me entraba yo gemí profundamente, por
un buen rato me olvidé de todo lo que me rodeaba. Disfruté
plenamente de todo el sabroso placer de estar haciéndolo
con ese viejo y a tan pocos pasos de mi marido. Su olor a
hombre sudado, hasta ese instante no había notado lo
mucho que me gustaba. Sus manos sucias de tierra, acariciaban
todo mi cuerpo salvajemente, mientras que su verga continuaba
bombeando dentro de mi hambriento coño.
Creo que hasta me pareció ver estrellas, cuando alcance
ese especial orgasmo, es tan excitante el hacerlo en el patio
de mi casa, a plena luz del día, con un hombre que
fácilmente podía llegar a ser mi abuelo y con
mi marido tan cerca. Al terminar, recogí la flor del
piso, le di un pequeño beso en la frente a don Regulo,
y antes de retirarme le dije que me gustaría seguir
hablando de esa flor con él otro día. El viejito
sinvergüenza, me regaló una sonrisa, y tras acomodarse
el pantalón regresó al lugar donde estaba trabajando.
Cuando nuevamente pasé frente a mi esposo, quizás
por curiosidad, me preguntó que había estado
haciendo en el patio, y como si fuera una gracia le respondí,
me estaba revolcando en la tierra con el jardinero. Mi marido
se estremeció al escuchar mis palabras, pero de inmediato
dio un vistazo a donde don Regulo estaba trabajando afanosamente,
cerró los ojos y creo que debió pensar que eso
de estar inventando cosas era parte de mi condición,
por lo que continuó viendo la tele, mientras que yo
subía a mi dormitorio a darme una buena y refrescante
ducha.
Así como con don Regulo, también lo he hecho
con el repartidor del mercado en la cocina, con el tipo que
lava la piscina, con dos de los chicos que atienden la bomba
de gasolina cerca de casa, y hasta con la señora que
me plancha la ropa y otras cosas. En todo momento, he sido
bien sincera con mi marido al decirle lo que he estado haciendo,
que él piense que son delirios míos y no me
crea es problema suyo, no lo creen.

Fuente: relatoseroticos.com
|